A LOS 27 AÑOS

ETIQUETAS:

“Ahora viene lo bueno. Había una persona que toda la vida me perseguía y me perseguía. Era muy lindo, y sí, ya habíamos hecho cosas… hasta que al fin, un día me cogió bien bonito. Yo vivía en ese tiempo frente a San Agustín, en una casa preciosa. El barrio ahora se ha hecho malo, pero la casa sigue hermosa. Tenía dos garajes por dentro y dos departamentos. En uno estaba mi tío con su familia, y en el otro vivíamos nosotros (mis padres y yo).

Entonces, cada uno hacía su vida, yo estaba solo porque mis papás se habían ido a Salinas o a Riobamba, que también teníamos departamento allá. Ellos siempre se iban, lo único que tenían que hacer era tomar una maleta de mano y se iban donde querían, entonces yo era libre. Pero yo no metía mucha gente (a la casa).

Este chico… perdón, este señor, gerente de una empresa importante, fue a verme y todo lo demás. Yo tenía mucho miedo de que me la metan, a mis veintisiete años. Pensaba que me iba a doler, que me iba a salir sangre. Pero este señor, mayor a mí, lo supo hacer tan bien. Empezó con un lavado de cuerpo –es cuando te pasan la lengua por todo el cuerpo, como si te estuvieran limpiando– fue maravilloso, poco a poco. O sea, supo hacerlo. A los veintisiete años recién entregué mi virginidad.

No me arrepiento, porque lo hizo tan bonito. La verdad que yo lo quiero y le agradezco.”