CUANDO CONOCÍ

LONDRES

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“Después tuve otro amante, Hernán, a quien yo quise mucho. Él se fue a estudiar a Barcelona cuando yo ya vivía acá, y le di mil dólares para que me los tenga, yo ya trabajaba y lo iba a visitar.

Un año, dejé de pasar navidad y fin de año con mis padres para ir a visitarlo de sorpresa. Llegué a Barcelona el veinticuatro de diciembre, obviamente él no me recogió, pero yo sabía donde estaba y lo encontré. Lo encontré con otro amante. Le pregunté por qué no me lo había dicho, y sin alargar la historia, terminamos yendo a comer con el amante y quedamos en que yo lo llamaba al día siguiente.

No hice nada de eso. La misma noche cogí mis cosas, corrí al aeropuerto y me fui a Madrid sin decir nada.

Conocía a un mexicano, de quien me había hecho gran amigo, y de su familia, los Arango. Entonces, pagué un taxi hasta la casa de ellos, que quedaba en el centro de Madrid y toqué su puerta a las diez de la noche. Me recibieron como si fuera mi propia familia en el día de navidad.

 Ah, por cierto, esa tarde mi ex amante me había llevado el billete que me tenía.

Mi amigo mexicano, que era un tipo muy adinerado, y no era gay, debo aclarar, me invitó, al día siguiente de navidad, a Londres. Pues los Arango tenían un departamento allá.

Me falló el otro, pero tengo la plata, así que debo aprovechar este viaje, sin mencionar que hasta la fecha no conocía Londres.

Tomamos un vuelo a París, y en esa época no existía el túnel que va de Francia a Inglaterra, así que cruzamos en barco. Llevaba conmigo todas las cartas de amor que Hernán me había escrito, ahí, de cabreado, fui rompiendo y botándolas al mar.”

En Londres fuimos a ver “Hair”, en el mejor teatro, a galería. Al final invitaban al público que suba a bailar Let the sunshine in, Lo arrastré a mi amigo al escenario. Qué felicidad la que sentí.

Que lindo amigo, no volví a verlo, no sé si él habrá pensado que yo era gay… supongo que sí, no era ciego, ni cojudo.”